Mi Historia en Piaveri

Mi nombre es Alba Versave Casa Quinatoa, nací el 31 de diciembre de 1981. Hoy tengo 37 años y he trabajado para Piaveri por 20 años. La historial de mi vida en Piaveri comienza el 1 de mayo de 1997 yo en ese momento tenía 16 años, y también tenía mucha necesidad de trabajar; Piaveri me dio la oportunidad para poder demostrar las ganas que tenia de aportar a la empresa.

Empecé a trabajar sin ningún conocimiento de rosas, pero desde el primer día tuvieron mucha paciencia en enseñarme, al pasar de los años todos han sido muy buenos y han compartido sus conocimientos en el manejo de las rosas.

Han pasado 20 años en los cuales me siento agradecida por el trabajo que tengo, siempre han sido muy puntuales al pagar; con mi sueldo solvento todos mis gastos, el más importante ha sido la educación de mis hijos.

También tengo gratitud con las acciones de la finca con Fair Trade. Con sus proyectos nos han ayudado desde a tener agua caliente con calefón, hasta tener una cocina para preparar la comida para mi familia; la ayuda es de mucha importancia para todos los que laboramos en Jardines Piaveri, ya que son sueños hechos realidad.

Mi nombre es Beatriz Puco tengo 43 años, estoy felizmente casada y tengo 4 hijos, hace 18 años empecé a trabajar en Jardines Piaveri, día a día aprendemos el manejo de cultivo de rosas, y ese conocimiento nos enseña a valorar nuestro trabajo, ser responsables, ser respetuosos con la naturaleza y nuestros semejantes y ser solidarios en los momentos difíciles que podemos tener.

Junto a los Ingenieros, supervisores y compañeros, día a día entregamos lo mejor de nosotros porque nuestro deseo es que la empresa siga adelante.

En estos años hemos tenido lindas experiencias, la empresa fue testigo de mi matrimonio y del nacimiento de mis hijos y estoy segura que me acompañará muchos años más.

Me siento muy contenta de formar parte de la familia Piaveri y agradecida por todo el apoyo que recibimos.

Mi nombre es Nelly Casa, hoy tengo 32 años. Ingresé a la empresa el 7 de mayo del 2005, tengo 13 años trabajando en esta prestigiosa empresa. Antes trabajaba en otra empresa florícola del sector, al ingresar a Piaveri conocí a buenos técnicos, quienes me enseñaron otra manera de manejo de la planta para que sea más productiva.

Gracias a mi trabajo y esfuerzo he construido mi casita y he podido educar a mis tres hijos, tengo mucha gratitud porque la empresa me dio la oportunidad de poder formar parte del prestigio que tiene Piaveri.

Me gusta mucho trabajar con rosas, tengo la responsabilidad de hacer crecer las plantas y cuidarlas para que los tallos que produce sean bonitos; disfruto mucho de sus colores y me motiva saber que cada tallo da alegría a las personas.

La empresa nos cuida mucho, tenemos dispensario médico y odontológico, además de poder atendernos nosotros, también podemos traer a nuestras familias, y todo es gratuito.

También estoy muy agradecida con la Corporación ya que nos ayuda mucho sobre todo en el inicio de clases, las becas escolares para mis hijos los motiva para que se esfuercen en prepararse, los proyectos de línea blanca me han permitido tener electrodomésticos que no había podido adquirir por mi cuenta.

Mi nombre es José Iza, tengo 62 años y llevo trabajando en la finca 17 años. En la empresa me conocen como el “Hombre de Barba”; ingrese a trabajar con el Arquitecto Dávalos en la construcción de las instalaciones de la bodega, fui ayudante de albañilería en el año 1999. En ese entonces no era trabajador fijo de la empresa, únicamente realizaba trabajos varios para el Arquitecto Dávalos. Felizmente un día lunes 1 de octubre del 2001 fui contratado para trabajar en la finca como obrero permanente, desde ese momento hice muy buenos amigos; recuerdo a mi compañero Mariano Mendoza con quien hicimos la mayoría de los drenajes de la finca, colocábamos pambiles, levantábamos camas y hacíamos trabajos varios de excavación manual y albañilería. A pesar de que el trabajo era duro, siempre fue muy gratificante trabajar con Mariano.

Mis manos ayudaron a levantar la finca y eso me llena de un orgullo infinito, conozco cada rincón de la empresa y en todos esos espacios algún trabajo he realizado con mis manos. He conocido muchas personas que han sido buenos y siempre han estado dispuestos a ayudar.

Con mi trabajo logre construir mi casita, pero lo que me llena de satisfacción es que pude dar el estudio a mis hijas, una de ellas termino la Universidad y trabaja en un estudio jurídico en Latacunga; mis hijas me han llenado de alegría y orgullo porque han sabido aprovechar mi esfuerzo para brindarles educación.

Yo vi como creció la empresa y como da trabajo a muchos compañeros que llevan el sustento y el pan de cada día a sus hogares. Por eso trabajo muy agradecido con la empresa y doy lo mejor de mi cada día.